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sábado, 26 de septiembre de 2015

Vainas - Optimismo

Si ponen en una balanza mi optimismo de un lado y mi pesimismo del otro, el pesimismo inclina su lado hacia abajo. Es que motivos sobran: personas muriendo de hambre; asesinos de inocentes en nombre de la seguridad; asesinos en nombre de la igualdad; religiosos lucrándose con el miedo de las personas; personas desplazadas. Cómo no ser pesimista.

Pero esos asuntos tan macro hacen perder de vista acciones cotidianas de algunos Gigantes. Por ejemplo, quienes a pesar de la evidente inseguridad del país, se detienen a dar instrucciones claras sobre la ruta que debes tomar cuando les preguntas. O quienes piden firmemente al conductor del bus que pare, cuando alguien quiere bajar y que hace rato está timbrando. O quienes corren a parar una ruta que no les sirve, porque alguien más viene corriendo tras de ella y no va a alcanzarla. O todos aquellos que reciben y pasan el billete desde la puerta de atrás del bus, y luego regresan las vueltas completicas. O quienes en un día de lluvia prefieren usar la chaqueta para cubrir a su mascota. O quienes, amables y atentos, ayudan a alguien que sufrió un accidente en la ciclovía.

Son un montón de tonterías que no bastan para motivar el optimismo, podrán decir. Pero ahora que puedo ver esos detalles cotidianos, ahora que conozco a esos Gigantes, puedo decir que mi balanza empieza inclinarse hacia el otro lado. Ahora entiendo que esas acciones son muestras de que el cinismo se puede controlar. Y si bien uno intenta comportarse lo mejor posible para que las cosas cambien, se siente mejor hacerlo con algo más de optimismo en la balanza. La bio de la cuenta de tuiter de Martín Quintana (@fragmentario) dice algo muy bello: "El mundo es demasiado bueno como para ser cínico, y demasiado malo como para ser neutral".

En este punto, you may say I'm a dreamer.

But...



BUT I'M NOT THE ONLY ONE.

martes, 24 de febrero de 2015

Vainas - Ceguera

Hacía calor. Un sofoco terrible que sólo le afectaba a él. Un poco de la ansiedad de siempre mezclada con rezagos de alcohol, exceso de café y cansancio. Todos tranquilos y él con las mejillas rojas y la frente húmeda. La garganta y los labios secos, las manos mojadas, las gotas de sudor en el pecho y todos preguntando trivialidades, uno tras otro, sin cesar. Lo franqueaban, lo rodeaban, lo cercaban. Sintió odio hacia todos ellos que habían escogido tan mal momento. Casi no respiraba y cada vez más sangre en la cabeza cegando las ideas. Hablaba a tumbos y podía notarlo. Algunos momentos lúcidos oscurecidos por la torpeza del resto de lo que decía. Cinco minutos insoportables de ceguera.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Vainas - Melosería

Con la melosería me pasa lo mismo que con el chisme. Me disgustan tanto, que me fui al otro extremo. Por el lado de la melosería, cualquier retórica chimba me causa nauseas. Y por el del chisme, no cuento nada de lo que me pasa a menos que me pregunten.

Yo no sé qué tan bueno sea ser así de alérgico a la melosería. Muchas mujeres lo ven como un defecto, por ejemplo. Pero lo que sí les puedo decir es que esa actitud me ha llevado a leer cosas mejores.

En la literatura existen los Coelhos, que son melosos como un hijueputa, y flojos, flojos. Y si en la literatura existen, en las redes sociales pululan.

Pero este post no es para criticar. Lo que vine a decir es que hay cosas que traen todo el sentimentalismo característico de las vainas melosas, pero que son estéticamente tan bien hechas, que no empalagan. Esas cosas son las que ando buscando. Ahí les dejo dos ejemplos:





sábado, 1 de noviembre de 2014

Vainas - Hágase para allá, pero no tanto

La distancia es caprichosa. Cuando es muchísima, difícil de recorrer, causa nostalgia y ganas de estar junto a esa otra persona. Hace que llames, que escribas, que sueñes.

Si no es mucha, digamos dos horas de trancón, lo único que genera es fastidio al recorrido. Y puede llegar a ser tanto, que jode hasta el amor más puro.

Y cuando ya no hay espacio entre los amantes, se pasa bien, hasta que cansa.

viernes, 17 de octubre de 2014

Vainas - vendas en los ojos

Hoy en día es facilísimo encontrar movimientos que promueven comportamientos menos depredadores y excluyentes. Ciclistas, defensores de animales, veganos. Chévere. Chévere que existan estos movimientos, y que podamos ser parte de ellos, pues demuestran intención de cambio, de mejora. Dejan ver que el cinismo no está ganando la batalla.

Hace unos días un ciclista iba por la cicloruta en sentido contrario a mí, que también iba en bicicleta. Llegamos a un cruce de carros y debíamos esperar a que el semáforo nos diera el paso. Un carro, con todo el derecho que le daba el color verde en el semáforo, iba a cruzar, pero se encontró con el ciclista que venía en sentido contrario a mí, quien ni corto ni perezoso siguió avanzando, a pesar del clarísimo rojo del semáforo de la cicloruta. No vio el semáforo, pensé. Normal, a cualquiera puede pasarle. Pero no, en este caso el ciclista lo hizo intencionalmente. Se lo dijo claramente al conductor del carro: "tienen que acostumbrarse a ver si hay ciclistas cruzando". Y sí, todos aquellos que conducen carros deberían verificar que no hayan personas o ciclistas cruzando. Pero este ciclista en especial lo dijo con ínfulas de buen ciudadano, como si ir en bicicleta lo revistiera de una autoridad moral inapelable. Y lo dijo cuando el semáforo ESTABA DANDO EL PASO AL CARRO.

En el tiempo de la conquista de América, la evangelización parecía una alternativa razonable y humana frente a los salvajes sacrificios que se practicaban como ofrenda para dioses. Unos años después, los mismos evangelistas rostizaban herejes.

Ojalá que el fanatismo no se convierta en la venda que ciegue los ideales de ciclistas, defensores de animales y veganos.

viernes, 29 de agosto de 2014

Vainas - Qué lejos está todo

Primero lo primero: lástima no poner esto en un blog, pero es por sinceridad conmigo, pues sé que no soy capaz de alimentarlo permanentemente. Ni esporádicamente, para ser totalmente sincero. Y lástima que así sea, porque escribir me gusta, pero tengo pocas ideas, o ganas, quién sabe.

Segundo lo segundo: hace ratísimo no escribo. O sea, escribir en serio, con las ganas de poner una idea en palabras. Porque en el trabajo escribo y escribo, pero casi nunca por placer. O catarsis, que es otra joda que me incita a escribir.

Y tercero lo importante: creo que soy muy bueno para las despedidas. Primero porque soy un buen mentiroso y puedo ocultar expresiones exageradas de alegría o tristeza. Segundo porque creo que son pocas las despedidas de verdad. Para que sea de verdad se requiere que sea bien lejos y por un tiempo prolongado. Si no cumple esas dos condiciones para mí no hay despedida. Y como no hay despedida, es un adiós como cualquier otro y por eso me genera más bien poca alegría o tristeza. Y tercero porque soy más de los tipos que gustan de botar basura, que de los que coleccionan cosas. 

Pero bueno, eso ya lo sabía. Lo nuevo es que ahora sé que soy bueno para las despedidas cuando soy quien se va, no cuando me quedo. O sea: cuando en una despedida soy quien se queda mi pokerface es impecable (ayuda mucho el asunto ese de las dos condiciones que mencioné arriba), pero después me entra un guayabo bravo. El guayabo es por lo que ya dije: porque me quedo. No es que me quiera ir detrás de quien se va, pues muchas veces poco me importa la persona de quien me despido. La cuestión es que cuando me despido de alguien que se va, me doy cuenta más que nunca que me estoy quedando, que al siguiente día mi rutina va a ser casi la misma, mientras que la de esa persona que se va será totalmente distinta. Mejor o peor, quién sabe, pero distinta. Y tampoco es que no me guste dónde estoy, sino más bien que tengo como miedo a quedarme quieto.

Hace poco puse en el tuiter que es bueno que las cosas estén lejos porque cuando están al alcance uno se va quedando quieto. No vi los problemas: hacen falta güevos para ir por eso que está lejos, hacen falta güevos para dejar tanta vaina atrás, hace falta saber qué quieres de todo eso que está lejos. Las cosas están más lejos de lo que aparentan.